lunes, 20 de diciembre de 2010

Me persiguen...

No debe ser sano...
Estás en todas partes.
En la lluvia, en la hora, en la cruz de la farmacia, en los autobuses, en la acera, en la esquina, en los semáforos, en los números de teléfono, en mis libros, en el calendario, en las paredes, en el sol, en las nubes, en el cielo, en el aire...Te has quedado grabado en mi piel. Como si no hubiera otro lugar mejor en el mundo donde pudieras estar, como si no necesitases otro sitio donde alojarte. 
Explícame cómo coño olvidarte, si estás en cada calada de cigarro, en cada bocanada de libertad, en cada una de las letras que escribo, en cada uno de los significados de las palabras que formo con ellas.

Ya te siento hasta en mi voz.
Te has incrustado en mi corazón como una herida que sangra con cada latido.
Y lo siento...siento todo. Todas las cosas que te dije, y que no fueron verdad. Cada cosa que te he dicho y que no era mentira. Siento haberme enamorado de ti...Lo siento...lo siento. Es lo peor que te podía haber pasado, y lo sé. Siento que te hayas enamorado de mi, aunque haya sido lo mejor que me haya pasado.
Porque te siento en cada suspiro y en cada aliento. En cada lágrima y en cada recuerdo.
Los recuerdos, vida, son una carga. Una carga pesada, dolorosa. Pero, ¿sabes? Si me tiene que doler, que me duela.
Porque no me imagino un maldito día sin sentirte en cada una de las cosas que toco o que veo, no me imagino un puto momento vacío de ti; los relojes dejarían de tener función y significado.. No, no me imagino que llegue el día en que dejes de quererme, no me imagino el día en que deje de quererte.
No me lo imagino, porque soy consciente de que no existe tal día.
Incluso el reloj te está marcando en este mismo momento...


Tan sólo son dos cifras.
El crímen perfecto.

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