jueves, 23 de diciembre de 2010

24 de diciembre de 2009.

Lo he comprendido.
El recuerdo de aquellos días que te quise, son tan nítidos que parece que mis sentimientos siguen vivos, y no; están muertos ya.
Nada es para siempre y lo sé, lo sé...
Me da igual ya que entre el humo de mi cigarro por la ventana, no me importa que estas barritas de cáncer sean mi alimento día tras día.
No quiero que me beses usando los labios de otra.
No quiero que me hagas el amor usando el cuerpo de otra.
Pero me da igual que el humo entre en mi cuarto.
¿Tiene sentido?
He sido egoísta, y lo sigo siendo...
Lo seré siempre...

Jamás olvidaré esas Navidades. Cómo te conocí. De la forma más absurda que existe. Hablaste conmigo, hablé contigo. Pasamos horas muertas colgados al teléfono a una distancia que se podía medir en cuatro horas de viaje. Vimos amanecer juntos... Y nunca me arrepentiré de haberlo hecho, estando como están ahora las cosas. Te quiero y lo sabes, y aún así mis sentimientos están muertos. ¿Me explicas cómo es posible? ¿Tiene explicación? No...
Y han pasado trescientos sesenta y cinco días.
Lo que me duele es que pudieron ser muchos más...muchísimos más.

Ojos que no ven; corazón que no siente.
Te enseñé cosas...te enseñé cómo matar a alguien aunque esa persona siguiera respirando, sin tocarla siquiera. El crímen perfecto...No lo olvides nunca. No olvides nunca cómo te enseñé a sufrir por amor. No olvides cómo te enseñé a amar a alguien más que a tu propia vida. Yo no lo olvidaré.
Has sido lo mejor.
Simplemente, has sido.

No olvidaré ese beso en el mar...
Me enseñaste a contar estrellas, me enseñaste a ver más allá de mis pestañas, me enseñaste a vivir cuando pensé que estaba muerta, me enseñaste a nadar en placeres que nadie más que tú y yo merecemos conocer, me enseñaste tantas cosas...tantas cosas como me podías haber enseñado.

No olvidaré que me quisiste...porque has sido la persona que mejor ha cuidado de mi corazón.
La misma que con dos palabras lo hace pedazos.

Y seguir sintiendo tu corazón latir al son del mío...
Y seguir sintiendo que el aire que a mí me falta lo estás respirando tú...Es algo que no se va a desvanecer tan fácilmente...

Bonito aquel 21 de diciembre, de dosmilnueve.

Que entre...que entre el humo.



Tan sólo son dos cifras.
El crímen perfecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario